Valeria parpadeó, sorprendida de verdad.
—No.
—Sí. Cambiaste de número, cerraste tus redes, dejaste el departamento, nadie sabía nada de ti. Fui a Guadalajara, fui a casa de tu tía en Querétaro, incluso hablé con Laura.
El rostro de Valeria cambió.
—Laura me dijo que nunca preguntaste por mí.
Alejandro entendió en ese instante que una parte de la historia había sido manipulada.
—Laura me dijo que tú te habías ido con alguien más. Que no querías volver a verme.
Valeria soltó una risa rota, amarga.
—Claro… Laura.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver Laura en esto?
Valeria cerró los ojos un segundo, como quien decide abrir una puerta que lleva años trabada por dentro.
—Todo.
Los niños seguían a unos metros, mirando una pantalla en silencio. Valeria bajó todavía más la voz.
—Yo estaba embarazada cuando me fui.
El mundo se detuvo otra vez.
Aunque Alejandro ya lo sospechaba, oírlo fue distinto. Fue como si la vida le pusiera nombre al vacío.
—¿Eran míos? —preguntó apenas, con la voz quebrada.
Valeria lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Siempre fueron tuyos.
Alejandro sintió que las piernas casi le fallaban.
Miró a los niños. Los tres estaban juntos, tan cerca uno del otro como si hubieran aprendido desde el vientre a no soltarse nunca.
—Entonces… ¿por qué? —preguntó—. ¿Por qué me hiciste esto? ¿Por qué me quitaste a mis hijos?
Valeria recibió el golpe de esa frase en silencio. Le dolió, porque sabía que desde fuera parecía imperdonable. Pero había vivido con aquella culpa demasiado tiempo.
—Porque me hicieron creer que si me quedaba, te destruía.
Alejandro frunció el entrecejo.
—No entiendo.
Valeria respiró hondo.
—Cuando descubrí que estaba embarazada, quise decírtelo. Estaba asustada, sí, pero también feliz. Fui a buscarte a tu oficina… y ahí me encontré con Laura.
Laura.
La mujer que durante años había sido su mano derecha. Su directora financiera. La persona que más había confiado después de la ruptura.
—Ella me dijo que estabas a punto de cerrar el negocio más importante de tu vida. Que un escándalo, un embarazo inesperado, una relación seria… todo eso te haría perder inversionistas. Me dijo que tú ya habías decidido casarte con la hija de un grupo empresarial de Monterrey. Me juró que yo solo había sido una etapa y que tú jamás aceptarías a esos niños.