Algunos duelos se calman con el tiempo. El mío nunca lo hizo. Han pasado siete años desde que Ryan salió de esta casa con Jack y Caleb al amanecer y prometió que volverían antes de la cena.
Solía levantar la vista cada vez que la puerta principal hacía clic, esperando a medias verlos a los tres allí de pie, quemados por el sol y disculpándose por llegar tarde.
Han pasado siete años desde que Ryan se marchó de esta casa con Jack y Caleb.
Ahora sólo estamos Lily y yo. Ella tiene trece años, todos miembros largos y ojos cuidadosos y el tipo de tranquilidad que proviene de haber crecido al lado de una madre que nunca dejó de esperar del todo.