Esa noche doña Carmen, mi vecina de toda la vida, se quedó conmigo. Cambié las cerraduras al día siguiente. También se otorgó una orden temporal para que Tomás no se acercara a mí ni a la casa.
Pensé que ahí terminaría todo. Me equivoqué.
2 semanas después llegó una carta de Tomás. Decía que Adriana lo había dejado, que se iría con Valeria a Texas con su madre, que él había perdido el trabajo y que estaba arrepentido. Leí la carta 3 veces. Lloré por el hijo que tuve y por el hombre que lo reemplazó.
Al día siguiente, doña Carmen llegó corriendo.
—Luz, Adriana compró boletos. Se lleva a la niña pasado mañana.
Llamé al licenciado Valdés. Él no dudó.
—Ahora peleamos por Valeria.
Ese fue el segundo giro: la mujer que me usó para conseguir mi casa iba a usar a mi nieta para desaparecer antes de que el juez revisara todo.
Tomás vino a verme esa noche. Tocó la puerta. No entró. Esperó como extraño.
—Mamá, ayúdame. No quiero perder a mi hija.
No lo abracé. Todavía no podía.
—No lo haré por ti. Lo haré por Valeria.
El licenciado presentó una medida cautelar. El juez prohibió que la menor saliera del país mientras se resolvía la custodia. El miércoles, Adriana intentó abordar el vuelo en el aeropuerto de Ciudad de México.
No pudo.
A las 11:40, el licenciado me llamó.
—Doña Luz, la niña se queda en México.
Me senté en el piso de mi sala y lloré de alivio.
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PARTE 3
El juicio civil fue 3 meses después, en una sala pequeña que olía a papel viejo y café recalentado. Tomás llegó solo. Estaba más delgado, con ojeras y una camisa que ya no le quedaba bien. Adriana llegó con abogada, tacones altos y una rabia que no podía maquillar. Yo entré tomada del brazo de doña Carmen. El licenciado Valdés llevaba una carpeta gruesa donde cabía toda mi vergüenza convertida en prueba.
El juez escuchó primero la historia de Adriana.
—La señora Luz María nos dio el poder voluntariamente. Después se arrepintió por capricho y nos quiere destruir.
Mi abogado puso sobre la mesa los avisos de hipoteca, las fotos del cinturón, la procuración nueva, los mensajes donde Adriana escribía: “Si la vieja no firma, no vuelve a ver a Valeria.” También presentó el informe del oficial Martínez y la medida que impidió la salida de la niña del país.
Ese fue el tercer giro: Adriana no solo quería vender mi casa. Ya había pedido informes a una inmobiliaria para venderla en 30 días y usar el dinero para irse con Valeria.
Tomás se cubrió la cara.
—No sabía lo de Texas hasta después.
Adriana explotó.