Y ahí estaba.
Mi entrada.
El Civic gris.
La puerta abriéndose.
Mariana saliendo sola de mi casa con una chamarra negra y las llaves en la mano.
Se subió al carro, prendió las luces y se fue.
Sola.
Sin Sofía.
Sin ninguna duda.
Don Ernesto me mandó el video y se lo reenvié al abogado. Una hora después, Ricardo me llamó.
—Claudia, ya tengo el reporte policial.
Me senté porque su tono no me gustó.
—¿Qué dice?
—Tu hermana declaró que estaba en casa de tus papás toda la noche. Dijo que vio a Sofía manejar, perder el control, chocar y correr.
Cerré los ojos.
—¿Y mis papás?
Hubo silencio.