Llegué con ilusión, imaginando tranquilidad, naturaleza y tiempo para nosotros dos. Pero al abrir la puerta de la casa todo cambió de inmediato. Allí ya estaban su madre, su hermana y los hijos de su hermana instalados como si aquel lugar fuera suyo. No me habían dicho nada. Mi esposo me recibió con una sonrisa como si fuera una gran sorpresa y me dijo que era un viaje familiar para compartir y ahorrar, como si eso debiera hacerme feliz.
En ese momento sentí una incomodidad que intenté ignorar para no empezar una discusión. Pensé que tal vez exageraba, que sería solo un fin de semana diferente, pero no imaginaba lo que venía después.