Cada palabra… llegaba tarde.
Muy tarde.
Me contó que su nueva esposa lo dejó.
Que no pudo soportar la enfermedad.
Que se quedó solo.
Exactamente… como dejó a mi madre.
El karma… había llegado.
Me tomó la mano… temblando:
— “Por favor… no me dejes solo…”
En ese momento… recordé todo.
Las noches de dolor.
Las lágrimas de mi madre.