Tres mujeres en sus años dorados emprenden un viaje para cumplir sus sueños más salvajes – Historia del día

“Esparciré las cenizas mañana por la mañana”, me volví hacia mis chicas. “Luego me iré a casa”.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney

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De vuelta al motel, el ambiente era tenso. Lorna servía té mientras Nora se sentaba rígida en el borde de la silla, con los dedos golpeándose la rodilla.

“No tienes por qué acortar el viaje, Martha”, dijo Lorna, rompiendo el silencio. “Quédate unos días más. Descansaremos, nos lo tomaremos con calma. Te lo mereces”.

Nora frunció el ceño. “Ya hemos hecho bastante. Martha está cumpliendo el deseo de su marido, tú conociste a Roger, pero ¿y yo? ¿Qué he hecho que sea audaz o que me haya cambiado la vida en este viaje? Nada”.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney

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“Eso no es justo”, espetó Lorna. “Todas hemos pasado por muchas cosas. Quizá en vez de culparnos a nosotras, deberías preguntarte por qué te estás conteniendo”.

Nora enrojeció. “¿Conteniendome? ¿Sabes lo que es ser siempre la persona de la que depende la gente? ¿No tener nunca un momento para ti porque toda tu vida gira en torno a los demás?”

“¿Y sabes lo que es estar completamente sola?”, replicó Lorna. “Nadie de quien depender, nadie esperándote en casa. Es fácil criticar cuando estás rodeada de familia, aunque sean unos ingratos”.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney

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“¿Ingratos? Mi familia me da por sentada todos los días”. Nora alzó la voz. Golpeó la mesa con la mano, haciendo sonar las tazas de té.

“¡Ya basta!”, dije.

La habitación se quedó en silencio. Entonces Lorna se levantó bruscamente.

“Esto no tiene sentido”, murmuró. “Me voy a la cama”.

Nora hizo lo mismo, cerrando la puerta tras de sí.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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Aquella noche, cada una de nosotras se retiró a su rincón, sintiendo las grietas de nuestra amistad más profundas que nunca. Por primera vez me pregunté si aquel viaje había sido un error.

***

A la mañana siguiente, Lorna y yo nos sentamos a desayunar en el pequeño comedor del motel. El aroma del café se mezclaba con la leve fragancia de la brisa marina que entraba por las ventanas abiertas. Me serví una taza, saboreando el calor, y miré el reloj de la pared.

“¿Dónde está Nora?”, pregunté, echando crema en la taza. “Suele ser la primera en bajar”.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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Lorna se encogió de hombros, untándose la tostada con mantequilla. “A lo mejor está durmiendo hasta tarde. Ayer no estuvo precisamente tranquila”.

Comimos en agradable silencio durante un rato, pero a medida que pasaba el tiempo, la inquietud se apoderaba de nosotras. Los ojos de Lorna se desviaron hacia la ventana.

“¡Oh, Dios! ¡El descapotable se ha ido! Me sentiré mejor si vamos a verla”.

Asentí y dejé el café. Nos apresuramos hacia la recepción.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney

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“Disculpe”, dijo Lorna a la recepcionista. “¿Sabe adónde ha ido nuestra amiga Nora? Se alojaba en la habitación 12”.