La carretera abierta nos recibió con el aroma salado del océano, y el horizonte parecía extenderse sin fin, desafiándonos a soñar a lo grande.
Por supuesto, no todo fue como la seda.
“Mi equipaje ha desaparecido”, declaró Lorna en el motel aquella primera noche.
“¿No está? ¿Cómo es posible?”, preguntó Nora, alzando de nuevo la voz.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney
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“Ni idea, quizá lo olvidé en la recogida de equipajes. Pero no merece la pena ser quisquillosa con ello. Compraré otra cosa”.
Fiel a su palabra, volvió una hora más tarde con un vestido vaporoso que parecía hecho para ella.
“Problema resuelto”, anunció, dando vueltas de campana en el aparcamiento del motel.
Aquella noche, la ciudad estaba llena de música y luces. Una pancarta ondeaba sobre la plaza: “¡Esta noche baile anual!” Había parejas jóvenes bailando.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney
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A Lorna se le iluminaron los ojos.
“Me apunto”.
“¿Sin pareja?”, pregunté con escepticismo.
“Detalles”, dijo ella, haciéndome un gesto con la mano.
No tardó en acercarse un hombre de cabello plateado y sonrisa amable.
“¿Te apetece bailar?”, le preguntó, entregándole una sola rosa.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney
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Empezó la música, y aunque sus pasos no eran perfectos, Lorna irradiaba alegría. Cuando el locutor los declaró ganadores, su risa resonó en la plaza. Levantó el pequeño trofeo como si fuera una medalla olímpica.
“Roger, mi compañero de baile, me pidió una cita”, dijo más tarde, con las mejillas sonrojadas.
La noche me pareció casi de ensueño hasta que me invadió el mareo. Me agarré al borde de la mesa para apoyarme.
“Martha, ¿estás bien?” La voz de Nora atravesó la bruma.
Imagen con fines ilustrativos | Foto: Midjourney
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***
Me desperté en la habitación del hospital. El médico se ajustó las gafas y me miró.
“Querida, tu cuerpo ha sufrido mucho. Cambios repentinos, estrés emocional, tensión física. Todo suma. Necesitas descansar y, francamente, no viajar más por ahora”.
Asentí.