Yo estaba detrás de cada paso, de cada logro, de cada puerta que se le abrió… mientras él caminaba creyendo que lo hacía solo.
Y aun así, esa misma persona decidió mirarme como si yo no valiera nada.
“Ya no encajas en mi mundo”, dijo mientras el fuego consumía lo único que me quedaba de valor para él.
En ese instante entendí algo que nunca había querido aceptar: él no me había visto realmente en años.