Me llamo Rafa, tengo 35 años y soy ingeniero en Dubái. Vivo guiado por planes y precisión, pero nada me preparó para lo que íbamos a descubrir.
Regresé a casa con mi hermana Mela y nuestro hermano menor Miggy, emocionados por sorprender a nuestra madre.
Durante cinco años le habíamos enviado dinero cada mes: más de tres millones de pesos en total. Imaginábamos que, por fin, vivía con tranquilidad.
Pero cuando el taxi llegó a la dirección en Marikina, algo no encajaba.