El doctor miró la ecografía de la niña de 15 años y palideció: El secreto que destrozó a una familia

Arturo, su esposo desde hacía 10 años y padrastro de la niña, ni siquiera despegó los ojos del partido de futbol en la televisión. Le dio 1 trago largo a su cerveza y soltó 1 bufido cargado de desprecio.

—No empieces con tus exageraciones, Elena. Esa escuincla solo está fingiendo para no ayudar en la casa. Ya sabes cómo son las chamacas de ahora, puro drama para llamar la atención. No voy a tirar el dinero que gano rompiéndome el lomo en el taller mecánico en doctores nomás por 1 berrinche. Que se tome 1 té de manzanilla y se ponga a barrer.

Las palabras de Arturo cayeron como piedras. Él siempre había sido 1 hombre de carácter duro, de los que creen que los gritos y los golpes en la mesa son la única forma de imponer respeto en 1 hogar. Sofía, que estaba asomada en el pasillo, escuchó todo. Bajó la mirada, se abrazó el vientre con sus 2 brazos delgados y regresó a encerrarse a su cuarto sin hacer el menor ruido. Elena notó cómo los hombros de su hija se tensaban cada vez que Arturo levantaba la voz, 1 detalle que antes le parecía normal por el miedo a los regaños, pero que ahora empezaba a revolverle las entrañas.

La gota que derramó el vaso cayó a las 3 de la madrugada. Elena se levantó por 1 vaso de agua y escuchó 1 llanto ahogado. Al entrar al cuarto, encontró a Sofía hecha 1 ovillo sobre la cama, sudando frío, con las manos aferradas a su estómago.