merece amar y ser amado. Y cada vez que Chris mira a su esposo y a su hijo durmiendo plácidamente en la misma cama, sonríe para sus adentros y agradece aquel día en
que no escuchó a la mujer cruel, sino la voz de su esposo diciendo: “No escuches, cariño”. Porque si hubiera escuchado, tal vez hoy no sería la madre más feliz del mundo. Y eso, querido lector, es algo que ninguna estadística ni ningún prejuicio podrá jamás quitarles.