llora, cuántas veces repiten “te quiero” sin cansarse, cuántas manos se toman en medio de la calle cuando alguien intenta destruirlos con palabras. Chris y Chris pasaron todas esas pruebas con nota sobresaliente. Su historia no es un cuento de hadas: es una historia real, dura,
llena de obstáculos, pero también de una belleza que debería hacer reflexionar a cualquiera que crea que el amor tiene requisitos genéticos. Si algo nos enseña esta pareja es que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a decir quién merece ser feliz, quién merece tener hijos, quién