PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

Tomé una fotografía del documento y se la envié a Alejandro.

Me llamó inmediatamente.

—Mariana, necesito que vengas conmigo a Puebla.

—¿Por qué?

—Porque creo que ya sé quién hizo esto.

Dos horas después nos encontramos en una oficina privada de un edificio corporativo.

Alejandro había contratado a un investigador para localizar documentos antiguos.

Sobre la mesa había varias carpetas.

—Mi padre no quería que estuviera contigo —explicó—. Pensaba que una mujer sin dinero ni apellido importante iba a distraerme de mis responsabilidades.

—Eso ya lo sabía.

—Lo que no sabía era hasta dónde llegó.

Abrió una carpeta.

Había una copia de un cheque bancario.

El beneficiario era un intermediario que había trabajado para la familia Valdés treinta años atrás.

El concepto decía: «Gestión personal. Puebla».

Alejandro pasó otra hoja.

Era una declaración firmada por aquel hombre.

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