PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

—Yo no desaparecí, Alejandro.

Se volvió hacia mí.

—¿Qué quieres decir?

Respiré profundamente.

—Yo fui a la terminal de Puebla. Esperé durante tres días. Tenía diecinueve años, llevaba una maleta pequeña y estaba convencida de que regresarías por mí.

Su expresión cambió.

—Mariana…

—Me dijiste que volverías antes de Navidad. Me prometiste que conseguirías trabajo y que nos casaríamos. Pero nunca llegaste.

Alejandro se llevó una mano al rostro.

—Te escribí más de cuarenta cartas.

—Nunca recibí ninguna.

—Te llamé. Fui a tu casa. Busqué a tu madre.

Sentí un escalofrío.

—Mi madre murió poco después de que te marcharas.

Alejandro se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Enfermó. Yo estaba sola. Tenía que trabajar, pagar las medicinas y mantener la casa. Un día llegó un hombre con un sobre. Me dijo que eras tú quien lo había enviado.

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