PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

Una tarde recibí una invitación para asistir a una ceremonia empresarial.

La empresa de Alejandro celebraba treinta años desde su fundación.

Yo no quería ir.

Los eventos elegantes todavía me recordaban aquella noche en la que Ricardo me había pedido que me escondiera.

Pero Alejandro insistió en que sería diferente.

—Esta vez nadie va a pedirte que te quedes atrás.

Acepté.

La ceremonia se celebró en el mismo Hotel Gran Reforma.

Cuando entré al salón, sentí que el tiempo se detenía.

Las mismas lámparas.

Las mismas columnas.

El mismo suelo brillante.

Pero yo ya no era aquella mujer que caminaba mirando al suelo.

Llevaba un vestido azul marino.

El primero de una colección especial que había diseñado para la ocasión.

Alejandro se acercó y me ofreció el brazo.

—¿Lista?

Respiré profundamente.

—Ahora sí.

Durante la ceremonia, el presentador anunció una sorpresa.

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