PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

—Muchas de ellas no tienen acceso a grandes mercados. Producen ropa de calidad, pero no tienen recursos para comercializarla.

Observé las prendas.

Había vestidos hermosos, blusas bordadas y abrigos hechos con telas tradicionales.

—¿Qué tiene que ver esto conmigo?

Alejandro sonrió.

—Recuerdo que siempre te gustó coser. Recuerdo que soñabas con tener tu propio taller.

Me quedé quieta.

A los diecisiete años le había hablado de ese sueño.

Quería diseñar vestidos, crear ropa para mujeres que no podían pagar marcas costosas y demostrar que una prenda no necesitaba una etiqueta famosa para ser hermosa.

—Quiero ofrecerte la dirección de un proyecto independiente —continuó—. Con presupuesto, personal y libertad creativa. Pero tú decidirás qué hacer con él.

Lo miré con desconfianza.

—¿Por qué yo?

—Porque conozco tu talento. Y porque no quiero regalarte una posición. Quiero darte la oportunidad de construir algo que sea tuyo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *