PARTE 2: El martes por la mañana, la directora Patricia Salgado esperaba a Diego en su oficina.

La especialista no la presionó.

Le explicó que no había hecho nada malo y que no tenía que sentirse culpable por hablar.

Después de la valoración médica, los profesionales encontraron lesiones y señales que requerían una investigación urgente.

Los detalles quedaron bajo confidencialidad para proteger a Sofía.

Pero había algo que ya no podía negarse:

La niña necesitaba protección y atención especializada.

Laura se sentó junto a su cama y le tomó la mano.

—Perdóname, mi amor —susurró—. Perdóname por no haberte escuchado antes.

Sofía la miró.

—¿Ya no tengo que regresar con él?

Laura comenzó a llorar.

—No, mi vida. Ahora vamos a buscar un lugar seguro para las dos.

La niña se quedó pensativa.

Después preguntó:

—¿Y mi maestro Diego?

Laura sonrió entre lágrimas.

—Él también está bien. Preguntó por ti muchas veces.

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