La especialista no la presionó.
Le explicó que no había hecho nada malo y que no tenía que sentirse culpable por hablar.
Después de la valoración médica, los profesionales encontraron lesiones y señales que requerían una investigación urgente.
Los detalles quedaron bajo confidencialidad para proteger a Sofía.
Pero había algo que ya no podía negarse:
La niña necesitaba protección y atención especializada.
Laura se sentó junto a su cama y le tomó la mano.
—Perdóname, mi amor —susurró—. Perdóname por no haberte escuchado antes.
Sofía la miró.
—¿Ya no tengo que regresar con él?
Laura comenzó a llorar.
—No, mi vida. Ahora vamos a buscar un lugar seguro para las dos.
La niña se quedó pensativa.
Después preguntó:
—¿Y mi maestro Diego?
Laura sonrió entre lágrimas.
—Él también está bien. Preguntó por ti muchas veces.