No tenía remitente.
Dentro encontró una fotografía y una nota escrita con letra infantil.
En la fotografía aparecía Sofía, sonriente, sosteniendo un dibujo.
La nota decía:
«Querido maestro Diego:
Ya puedo sentarme sin que me dé miedo.
Estoy aprendiendo a dibujar mariposas.
Mi mamá dice que ahora estamos en un lugar tranquilo.
Gracias por no regañarme cuando le conté que me dolía.
Gracias por escucharme.
Cuando sea grande quiero ser maestra para ayudar a otros niños.
Lo quiero mucho.
Sofía».
Diego leyó la carta dos veces.
Después la colocó en un marco pequeño sobre su escritorio.
Debajo escribió una frase:
«Nunca subestimes lo que puede significar escuchar a un niño».
Algunos días después, Sofía pudo reunirse con Mariana en un encuentro organizado por los adultos responsables.
Las dos niñas se abrazaron.
Mariana le entregó la mariposa rosa que había dibujado.