—Pero mientras lo apoyaba, permitió que me lastimara.
Teresa comenzó a llorar.
—Lo sé.
—No necesito que me pida perdón en nombre de su hijo. Necesito que entienda que ninguna mujer merece vivir con miedo.
Se quedó callada durante un largo rato.
Finalmente se levantó.
—Ojalá hubiera tenido tu valentía cuando era joven.
Aquella frase me acompañó durante varios días.
No porque justificara lo que había hecho, sino porque comprendí que muchas veces las personas repiten aquello que aprendieron, hasta que alguien decide detenerlo.
# PARTE 7: EL DESAYUNO QUE POR FIN DISFRUTÉ
Pasaron seis meses.
El divorcio avanzó y las cuestiones patrimoniales se resolvieron conforme a los documentos y procedimientos correspondientes.
Rodrigo tuvo que enfrentar las consecuencias de sus actos. Las investigaciones empresariales siguieron su curso y las autoridades determinaron las responsabilidades que correspondían.
Yo, mientras tanto, comencé a reconstruir mi vida.
Cambié algunas cosas de la casa.