Antes de despedirnos, me entregó una memoria USB con copias de algunos mensajes que había conservado.
—Quiero que tengas esto. Puede ser importante para la investigación.
Le agradecí.
Aquella tarde comprendí que mi historia no era solamente la de una mujer que había conseguido enfrentarse a su marido.
También era la historia de todas las personas que habían visto algo injusto y que, por miedo, habían decidido mirar hacia otro lado.
# PARTE 6: LA ÚLTIMA JUGADA DE RODRIGO
Un mes después, Rodrigo intentó comunicarse conmigo.
Me llamó desde un número desconocido.
No contesté.
Después me envió un mensaje.
«Mariana, tenemos que hablar. He cometido errores, pero no puedes tirar tres años de matrimonio por la borda. Te extraño».
Lo leí varias veces.
No sentí nostalgia.
Sentí tristeza por la mujer que había sido cuando todavía creía que podía cambiarlo.