—Para no perdernos —explicó.
Margaret guardó la hoja del hospital en un sobre claro, distinto, y lo dejó en el álbum detrás de una hoja de papel de seda.
—Que esté, pero que no sea lo primero que vean. Lo primero son ellos.
Preston llegó cuando el pastel ya estaba cortado, porque el domingo no era su sábado y yo le había dicho la hora exacta: después del álbum, para el brindis de agua y fresas, no para la cirugía de los recuerdos. Traía a Samuel en brazos unos minutos, con Brielle al lado, que prefirió subir a dejar al niño un instante con su hermano y su hermana antes de bajar a descansar en el coche con la abuela de Brielle. Fue un ir y venir breve, ordenado, sin que nadie convirtiera el rellano en un escenario. Samuel bostezó. Oliver le enseñó el álbum desde lejos. Grace dijo «bebe» con una satisfacción enorme.