—Audrey, si en algún momento quieres que me vaya, me voy. No voy a coleccionar horas para sentir que recupero algo. Ellos no son una deuda que se paga en el parque.
—Quédate hasta las cinco. Es lo que firmamos. Lo demás no se adelanta por una tarde buena.
—De acuerdo.
A las cinco, Grace le enseñó la tirita, ya medio despegada, y le dijo que la verdad ya no dolía. Oliver le chocó la mano porque lo había visto en una película. Preston no pidió un beso. Se despidió de Emily con una inclinación y de mí con una frase corta.
—El lunes estaré en la sala antes que ella. Si intenta hablarte en el pasillo, no estás sola.
El domingo lo pasamos en casa, haciendo un pastel torcido que Grace decoró con demasiados granos de colores. Cynthia llamó para preguntar si podía dejar en el portal una caja de lápices, sin subir. Le dije que subiera diez minutos. Vino, dejó la caja, aceptó un borde de pastel y se marchó cuando el reloj lo dijo. En la puerta, se detuvo.