No le di el gusto de un escándalo entre los toboganes. Tomé el papel, vi una fecha de comparecencia y se lo devolví.
—La fecha es tuya. Mis hijos no. El escrito lo leerá quien corresponda. Yo estaré. Si tu estrategia es el tiempo, llega tarde. El tiempo ya lo usé para criarlos.
Ella se levantó.
—Preston se cansará de la culpa. Los hombres se cansan. Cuando se canse, ese reconocimiento será un adorno. Recuérdame entonces.
Se marchó entre los árboles. Oliver, desde el columpio, gritó que había llegado muy alto. Grace pidió otro empujón. Yo empujé, sonreí y sentí el papel de la fecha ardiéndome en el bolsillo.
Por la noche se lo conté a Preston por teléfono. No gritó. Dijo que el abogado respondería, que Marta acudiría con la carpeta y que yo no tenía que explicarles a los niños la palabra revisión.