Oliver lo estudió.
—¿Eres bueno o malo?
Preston tragó saliva.
—Estoy intentando ser bueno. Llego tarde.
Grace le enseñó la tirita.
—Duele poco. Mamá dijo que era para la verdad.
—Tu madre tiene razón.
Emily me apretó el codo. Era la señal de irnos. En la puerta del laboratorio, Marta nos había alcanzado con un último papel: la constancia de que la solicitud de corrección estaba registrada y de que cualquier otra retirada quedaba bloqueada. Se la di a Margaret.
—Guárdala tú. Yo ya tengo demasiados papeles en el bolso.
Esa noche los niños se durmieron pronto. Yo no. El sobre, la copia del archivo y el dibujo de los tres círculos compartían la mesa de la cocina. Cerca de medianoche, Brielle me escribió una sola frase.
Mi médico dice que el resumen falso ya está apartado de la historia de Preston. Mañana, cuando llamen del laboratorio, quiero estar. No para ganar. Para dejar de calcular imposibles.