Preston apoyó las dos manos en la mesa.
—Yo no firmé eso.
—No —dijo Margaret—. Por eso lo guardé. Vanessa me pidió que destruyera la carta de Audrey el mismo día que me pidió que hiciera desaparecer esta copia de su escritorio. Dijo que eran papeles viejos y que el señor no necesitaba más ruido. Yo metí la hoja dentro del sobre. Pensé que, si algún día tenía valor, las dos verdades debían estar juntas.
Brielle se inclinó. Leyó en silencio. Cuando llegó al margen, el color se le fue de la cara de una manera distinta a la de antes. Ya no era celos. Era vértigo.
—Mi médico no vio esta hoja —dijo—. Vio un resumen. Decía que el procedimiento se había hecho. Que era definitivo. Por eso, cuando me enteré de que estaba embarazada, no supe si reír o pedir perdón. Llevaba dos semanas sin dormir. Si aquellos registros eran ciertos, este hijo no podía ser tuyo. Y si no eran ciertos, alguien me construyó un matrimonio encima de una mentira.