—Daniel recibió un disparo. La ambulancia lo trajo al hospital más cercano con capacidad para operarlo. No sabía que trabajabas aquí hasta que entré en ese quirófano.
Por alguna razón, aquello me perturbó todavía más.
Durante tres años había vivido convencida de que Dominic podía aparecer en cualquier momento.
Y nuestro encuentro había sido una coincidencia.
La puerta se abrió.
Una enfermera asomó la cabeza.
—Doctora Mercer, el paciente está siendo trasladado a cuidados intensivos.
Asentí.
—Voy enseguida.
Pasé junto a Dominic.
Su mano se movió.
Por un instante pensé que intentaría sujetarme.
No lo hizo.
—Evelyn.
Me detuve.
—Cuando Daniel esté fuera de peligro, quiero una explicación.
Giré la cabeza.
—Querer algo no significa tener derecho a conseguirlo.
—Lo sé.
Aquella respuesta me sorprendió.
El Dominic con el que me había casado tres años atrás habría dicho algo distinto.