Algunas personas me preguntan por qué no lo guardo en una caja.
Yo simplemente sonrío.
Porque para mí no es un anillo barato.
Es el recuerdo de una promesa que tardó cuarenta y cinco años en cumplirse.
Y cada vez que miro ese pequeño corazón rosa, recuerdo las últimas palabras que Margaret me dijo antes de quedarse dormida:
«Llegaste tarde, Tommy… pero llegaste».
Y ahora quiero hacerte una pregunta: si tuvieras la oportunidad de reencontrarte con tu primer amor después de 45 años, ¿le darías esa segunda oportunidad? ❤️