Chapter 2: EL MARIDO QUE NADIE ESPERABA

Tenía mis ojos. Fue lo primero que pensé, y lo más injusto, porque yo no tenía derecho a reconocerla y aun así la reconocí en la boca y en el modo de levantar la barbilla cuando tiene miedo.

—Clara —dijo. No fue una pregunta.

—Elena.

Se le rompió el nombre en la cara. No se levantó de golpe. Creo que no podía. Alzó una mano y yo crucé el patio y se la tomé. Estaba fría. El chal olía a jabón de hospital y a ese perfume viejo de violeta que había salido de la lata.

—Creí que no preguntarías nunca —dijo—. O que preguntarías demasiado tarde. Inés me escribió que quizá irías. Una enfermera de noche me leyó la carta. Yo no veo bien las letras pequeñas desde hace un año.

—Estoy aquí. Alexander está conmigo. Es mi marido. Y Sophie, mi hermana. La hija de Victoria.

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