Chapter 2: EL MARIDO QUE NADIE ESPERABA

Me puse el brazalete de hilo rojo en la muñeca. Me quedaba justo.

—La paz que tú vendes empieza con mi silencio —dije—. No la compro.

Graham miró a Nathan.

—Llámame cuando sepa en qué pueblo se bajan. —Luego, a mí—: Esa mujer te dejó. Yo me quedé. Recuérdalo cuando te tome la mano y te cuente un cuento.

Salió. El abogado lo siguió. Nathan se quedó un segundo, miró a Sophie como si quisiera decir algo que no le cabía en la boca, y salió detrás de ellos.

Inés cerró la lata ya vacía.

—Richard me dijo una vez que Graham no perdona que le nieguen un papel. No vayan al hospital como quien va de paseo. Vayan de día. Vayan juntos. Y no dejen a Elena a solas con él en un pasillo.

Alexander guardó la copia en una carpeta nueva, distinta de la que yo había llevado a la boda.

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