Sacó una memoria USB de su bolso.
—Aquí hay copias de correos y documentos que me pidieron organizar.
Nuestro abogado revisó los archivos.
Entre ellos había instrucciones para contratar investigadores privados que siguieran los movimientos de Elena.
También había borradores de comunicaciones destinadas a presionar a posibles testigos.
Pero lo más alarmante era un informe sobre mi empleo.
La familia había investigado dónde trabajaba, cuánto ganaba y qué deudas tenía.
En una anotación interna alguien había escrito:
“Presionar a la madre podría ser más efectivo que negociar con la hija”.
Sentí que me faltaba el aire.
—¿Querían utilizarme para obligar a Elena a obedecer?
Margaret bajó la mirada.
—Eso parecía.
Elena me abrazó.
—Mamá, por mi culpa también te pusieron en peligro.
—No, hija. La responsabilidad es de quienes decidieron hacer esto.
Entregamos la información a nuestro abogado para que verificara su autenticidad y determinara qué medidas correspondían.