No le dije que sí. Pero tampoco le dije que no.
Si sobrevivo, prometo encontrar el valor para contarte todo.
Perdóname.
Daniel».
La carta cayó de mis manos.
Durante unos segundos no escuché nada.
Ni los automóviles afuera.
Ni el reloj de la habitación.
Solo el latido desesperado de mi corazón.
MI ESPOSO TENÍA OTRA HIJA.
Y lo sabía antes de que yo aceptara donarle un riñón.
Me levanté lentamente y regresé a la caja.
Había más documentos.
Recibos de transferencias bancarias.
Fotografías de una niña rubia.
Y una copia de un contrato de arrendamiento.
La dirección estaba a veinte minutos de nuestra casa.
Lo peor llegó cuando encontré una fotografía tomada seis meses después del trasplante.
Daniel aparecía cargando a Lily frente a un pastel de cumpleaños.
Vanessa estaba a su lado.
Ambos sonreían.