Yo continúo con mis controles médicos y cuido mi salud con especial atención.
También volví a hacer cosas que había dejado de lado.
Retomé mis clases de fotografía.
Viajé con Rebecca a la costa.
Y comencé a colaborar como voluntaria en una organización que acompaña a familias durante enfermedades graves.
No comparto mi historia para desalentar a nadie de donar un órgano.
La donación puede transformar vidas, y cada persona merece tomar esa decisión con información médica completa, libertad y apoyo.
La comparto porque aprendí algo que nunca olvidaré.
EL AMOR NO DEBERÍA EXIGIRNOS SACRIFICIOS BASADOS EN MENTIRAS.
Hace poco encontré una fotografía de Daniel y yo tomada antes de la operación.
Estábamos abrazados frente al hospital.
Yo sonreía.
Él tenía los ojos llenos de lágrimas.
Durante mucho tiempo no pude mirar aquella imagen sin sentir rabia.