«Siento mucho lo de tu lagarto. No se escapó. Mi papá lo dejó salir por la puerta de atrás. Yo lo sabía y no dije nada. Tendría que haberlo contado».
Dejé que Finn decidiera si quería leerla.
La tuvo guardada durantedos días.
Después salió al porche y la leyó él solo.
Cuando regresó, me dijo:
«Él también es un niño, papá».
«Sí, campeón. Lo es».
«Ya no estoy enfadado con él. ¿Eso está bien?».
Me arrodillé delante de mi hijo.
«Está bien estar enfadado. Y también está bien no estarlo. Las dos cosas están bien».
Se quedó pensándolo y asintió.
Después me preguntó si podíamos cenar tortitas, aunque ya fuera la hora de la cena.
Aquella noche cenamos tortitas.
Lo hicimos muchas veces durante aquel otoño.
Brandi se esforzó de verdad por cambiar.
Quiero decirlo claramente, porque es importante.