—Pues conmigo se ha portado muy bien.
Alexander no sonrió.
—Eso es precisamente lo que me preocupa.
PARTE 4
— EL SECRETO DE LOS DIECISIETE AÑOS
A la mañana siguiente, me despertó el sonido insistente de mi teléfono.
Eran las ocho y cuarto.
Tenía tres llamadas perdidas de un número desconocido y un mensaje de mi gerente.
«Olivia, no vengas hoy. El señor Moretti ha solicitado hablar contigo. Llámame inmediatamente».
Me incorporé en la cama.
¿Moretti?
Tardé unos segundos en recordar el rostro del hombre del callejón.
Entonces llegó otro mensaje.
«Necesitamos hacerte unas preguntas sobre Orion».
Suspiré.
Aquello era exactamente lo que necesitaba: problemas con un desconocido rico y su perro gigantesco.
No respondí.
Me duché, preparé café y salí a comprar algo para desayunar.
Cuando regresé, había un automóvil negro estacionado frente a mi edificio.
Dos hombres estaban apoyados junto a la puerta.