PARTE”2

— EL REGRESO A CASA

Las semanas siguientes fueron difíciles.

Tuve que enfrentarme a recuerdos que apenas comenzaban a regresar.

También tuve que aceptar que mi infancia había sido mucho más complicada de lo que imaginaba.

Alexander, por su parte, comenzó a contarme historias de nuestra familia.

Me habló de nuestro padre, de los veranos en la casa de campo y de cómo yo solía esconderme debajo de la mesa para evitar irme a dormir.

Me enseñó fotografías.

En algunas aparecía yo con un vestido amarillo.

En otras estaba sentada sobre los hombros de Alexander.

Y en todas aparecía Orion.

El perro nunca se separaba de mí.

Dormía frente a la puerta de mi habitación y me seguía por toda la mansión.

Una tarde, mientras paseábamos por el jardín, Alexander me preguntó:

—¿Te arrepientes de haber venido?

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