— EL REGRESO A CASA
Las semanas siguientes fueron difíciles.
Tuve que enfrentarme a recuerdos que apenas comenzaban a regresar.
También tuve que aceptar que mi infancia había sido mucho más complicada de lo que imaginaba.
Alexander, por su parte, comenzó a contarme historias de nuestra familia.
Me habló de nuestro padre, de los veranos en la casa de campo y de cómo yo solía esconderme debajo de la mesa para evitar irme a dormir.
Me enseñó fotografías.
En algunas aparecía yo con un vestido amarillo.
En otras estaba sentada sobre los hombros de Alexander.
Y en todas aparecía Orion.
El perro nunca se separaba de mí.
Dormía frente a la puerta de mi habitación y me seguía por toda la mansión.
Una tarde, mientras paseábamos por el jardín, Alexander me preguntó:
—¿Te arrepientes de haber venido?