Emiliano solo podía explicar una parte.
Decía que un hombre lo había encontrado cerca de una estación.
Un hombre con barba y voz tranquila.
Un hombre que le dio comida.
Un hombre que le prestó una chamarra.
Un hombre que se quedó despierto mientras él dormía.
—Tenía las manos frías —le había dicho Emiliano a su madre—, pero me dijo que él estaba bien.
Patricia nunca olvidó aquella frase.
Buscó al desconocido.
Preguntó.
Intentó localizarlo con la poca información disponible.
No lo consiguió.