Sin embargo, había algo que nadie de aquella familia sabía.
Antes de la boda, yo había conocido a una mujer llamada Nadia, una enfermera que trabajaba en una clínica privada.
Se había convertido en mi única amiga.
Una tarde, después de sufrir un fuerte mareo, acudí a la clínica.
Nadia me recibió con preocupación.
—Amina, estás muy pálida. ¿Has estado comiendo bien?
—No mucho. Últimamente tengo náuseas todas las mañanas.
Me hizo algunas preguntas y me recomendó una prueba de embarazo.
Nunca había pensado que pudiera estar embarazada.
Por eso, cuando regresó con los resultados, me quedé completamente inmóvil.
—Amina… estás embarazada.
La miré sin comprender.
—¿Qué?
—La prueba es positiva. Según la fecha de tu última menstruación, podrías estar de unas nueve semanas.
Me senté lentamente.
Mi primera reacción no fue alegría.