PARTE”2

Samira, de 39 años, era su hija. Elegante, inteligente y cruel cuando quería. Sonreía delante de los invitados, pero siempre encontraba la manera de humillarme cuando estábamos solas.

Nabil, de 35 años, era el menor. A diferencia de sus hermanos, parecía sentir cierta compasión por mí. Sin embargo, nunca se atrevía a enfrentarse a Omar.

También estaba Fátima, la hermana mayor de Khalid.

Tenía 74 años y se consideraba la verdadera autoridad de aquella familia.

Desde el primer día me dejó claro que no me quería allí.

—No te confundas, muchacha. Tener el apellido Al-Rashid no significa que pertenezcas a esta familia.

Yo bajé la cabeza.

No quería problemas.

Khalid, por su parte, era un hombre distante.

Dormíamos en habitaciones separadas y apenas hablábamos. Nuestro matrimonio había sido una negociación, y él parecía satisfecho con mantenerlo así.

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