Mi padre aceptó.
Yo no.
Lloré, supliqué y le recordé que tenía derecho a elegir mi futuro. Pero mi padre solamente respondió:
—Amina, estás salvando a esta familia. Algún día comprenderás que lo hago por tu bien.
Nunca comprendí cómo un padre podía entregar a su hija de aquella manera.
Pero terminé casándome con Khalid.
1. Una casa llena de enemigos
La mansión de Khalid era impresionante.
Tenía jardines enormes, fuentes de mármol, empleados que caminaban silenciosamente por los pasillos y habitaciones más grandes que toda la casa donde yo había crecido.
Pero aquel lugar no era un hogar.
Era una prisión elegante.
Khalid tenía tres hijos adultos de su primer matrimonio.
Omar, de 42 años, era el mayor. Ambicioso, orgulloso y obsesionado con heredar las empresas de su padre. Nunca me llamó esposa de su padre. Siempre se refería a mí como «la muchacha».