PARTE”2

Tampoco podía borrar el hecho de que había sido obligada a casarme.

Así que le dije:

—Khalid, no quiero vivir como una prisionera en una casa de lujo. Quiero vivir donde pueda respirar tranquila.

Él bajó la mirada.

—¿Quieres divorciarte?

—Quiero que nuestro futuro lo decidamos sin amenazas, sin acuerdos entre familias y sin presiones. Y quiero que respetes mis decisiones como madre de este niño.

Por primera vez, no discutió.

Aceptó que me trasladara a una vivienda independiente y que recibiera el apoyo económico y médico necesario durante el embarazo.

También acordamos que las decisiones relativas al bebé se tomarían respetando mis derechos y su bienestar.

No era una historia de amor.

Todavía no.

Era el comienzo de una relación que tendría que construirse desde la verdad.

10. El nacimiento del heredero

Cinco meses después, nació mi hijo.

Fue un niño precioso.

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