Volví del funeral de mi padre y encontré a mi marido con mi mejor amiga… así que me divorcié antes de repetir la historia de mis padres

Daniel me entregó una caja.

Dentro estaba una pequeña medalla.

Era de mi padre.

—¿Dónde estaba?

—En nuestra antigua casa.

Detrás de un cajón.

La sostuve.

—Gracias.

—Pensé que la querrías.

—Sí.

Silencio.

—Valeria.

—¿Qué?

—No voy a pedirte que vuelvas.

—Bien.

—Pero quiero preguntarte algo.

Esperé.

—¿Alguna vez me amaste tanto como yo creía?

La pregunta me hizo sonreír con tristeza.

—Daniel.

Lo miré.

—Te perseguí doce años.

—Lo sé.

—Me casé contigo.

—Lo sé.

—Construí una vida contigo.

—Sí.

—¿Qué más necesitabas para creerlo?

Bajó la mirada.

—Supongo que quería escuchar que todavía…

—No.

La respuesta fue suave.

Daniel cerró los ojos.

—Entiendo.

—Te amé muchísimo.

—¿En pasado?

—Sí.

Aquello dolió a los dos.

—¿Cuándo dejó de pasar?

Pensé.

—No fue cuando te vi con Camila.

Él levantó la cabeza.

—¿Entonces?

—Cuando dijiste que mi padre había perdonado a mi madre.

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