Se detuvo.
Daniel seguía mirándome.
—¿Y si me arrepiento?
La pregunta me sorprendió.
—Eso será incómodo para ti.
—Hablo en serio.
—Yo también.
Caminé hacia mi coche.
Daniel me siguió dos pasos.
—¿Nunca volverás?
Abrí la puerta.
—No.
—¿Después de todo lo que hice por ti?
Giré la cabeza.
—Ese es tu problema.
—¿Cuál?
—Crees que cada cosa buena que hiciste en doce años compraba una cantidad determinada de traición futura.
Su cara se endureció.
—No he dicho eso.
—Pero actúas como si porque alguna vez fuiste bueno conmigo yo te debiera tolerancia ilimitada.
Entré en el coche.
—No funciona así.
Me fui.
En el retrovisor vi a Camila acercarse a él.
Daniel no la abrazó.
Eso tampoco me importó.
La primera persona que me felicitó por mi divorcio fue Julia.
Dejó una pequeña caja de pastel sobre mi mesa.