Volví del funeral de mi padre y encontré a mi marido con mi mejor amiga… así que me divorcié antes de repetir la historia de mis padres

—No seas cruel.

—¿Cruel?

Me levanté.

—Papá lleva menos de dos meses muerto.

Te fuiste con otro hombre.

No lloraste en su funeral.

Y ahora me llamas para pedirme dinero para ese hombre.

—No es así.

—Es exactamente así.

—Richard me hace feliz.

—Perfecto.

—Y necesita ayuda.

—Entonces ayúdalo tú.

—Gasté mucho durante estos meses.

—Eso tampoco es problema mío.

—Eres mi hija.

—Y papá era tu marido.

El silencio del otro lado fue absoluto.

Por primera vez mi madre no tuvo una respuesta preparada.

—No voy a darte el dinero.

—Valeria…

—Tampoco quiero más llamadas sobre Richard.

—Algún día entenderás el amor.

La frase me hizo sonreír.

—Espero no entenderlo nunca como tú.

Colgué.

El día treinta me desperté antes de la alarma.

No estaba nerviosa.

Eso fue lo extraño.

Me duché.

Me puse un traje blanco.

Me recogí el cabello.

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