Tiene presión.
Una mujer se le acercó.
Pasó algo.
—La mujer era mi mejor amiga.
Silencio.
—Eso está mal.
—Qué alivio.
—Pero una aventura no siempre significa que un matrimonio deba terminar.
Me quedé mirando las luces de la ciudad desde mi ventana.
—¿Sabes qué es curioso?
—¿Qué?
—Tú decías exactamente lo contrario cuando papá te pidió que te quedaras.
Mi madre guardó silencio.
—Tú dijiste que amar a otra persona significaba que no podías seguir viviendo una mentira.
—Mi situación era diferente.
—Por supuesto.
Siempre lo es cuando el error es propio.
—Valeria…
—¿Para qué llamaste realmente?
Tardó demasiado.
—Necesito dinero.
Cerré los ojos.
—¿Cuánto?
—Cien mil.
Me reí.
—¿Para qué?
—Richard está delicado de salud.
Necesita tratamiento y algunos suplementos.
—¿Richard?
—Ya sabes de quién hablo.
—No.
Mi voz salió helada.
—Mi padre no tenía un hermano llamado Richard.
—Valeria.
—Entonces no es mi tío.