Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

Chapter 8: EN CASA, PAPÁ
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La audiencia fue en una sala pequeña, con una ventana alta y una jarra de agua que nadie se atrevía a servir. Yo llevaba el labio con los puntos a la vista. Marina llevaba la fotografía con Rosa y las páginas de la carta, ya completas, en manos de Patricia. Mi padre se sentó detrás de nosotras, sin toga, como padre. Eden y Randy estaban al otro lado, callados por indicación de su propio abogado, un hombre que miraba los papeles como si le hubieran cambiado el caso durante la noche.

El testigo de la clínica no sostuvo lo que Eden había anunciado. Era un archivista joven, nervioso, y dijo la verdad que le cabía: había un alta con un nombre que no coincidía con la cara que tenía delante, y esa diferencia era precisamente el motivo de su inquietud, no la prueba de una impostora. Una funcionaria del registro confirmó que el certificado de defunción de Marina estaba en revisión desde la llamada del día anterior. La doctora Elisa resumió mi informe sin adjetivos de más. Vera, la empleada del banco, confirmó que el retiro se había detenido porque la voz de la titular no era la de la ventanilla. Horacio Beltrán dijo que el proyecto no compraría mi casa ni usaría mi terreno de acceso mientras yo no firmara en persona, y que esa firma no se le iba a pedir en esa sala.

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