Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

La sonrisa se le cayó lo justo para que Eden, que apareció desde la cocina con mi taza en la mano, entendiera que el teatro del anfitrión se había terminado. En la mesa seguía la bolsa de maquillaje, abierta, tal como yo la había dejado por la mañana. Alguien había pasado un dedo por los polvos. El espejito de tapa dorada estaba boca abajo. Ver aquello me dio más rabia que el labio. Habían tocado hasta el objeto con el que yo pensaba ocultarme.

—Esta casa es de mi nuera y, por lo tanto, de la familia —dijo Eden—. Tienen café. No tienen derecho a humillarnos delante de los vecinos.

—Tienen derecho a quedarse en el salón, sentados, mientras se cumple la orden —dijo el agente—. Las manos a la vista.

Se sentaron. Patricia nombró la caja fuerte. Estaba detrás del cuadro de la abuela, en el pasillo, no en un sótano de película. Randy había presumido de ella en cenas, como quien presume de cuidar los papeles de la esposa. Un cerrajero autorizado, llamado por la policía y no por nosotros, la abrió en presencia de todos. Nadie me pidió que aprendiera el gesto. Yo miré hacia otro lado cuando el metal cedió. Dentro había sobres, una cadena, y una hoja suelta con la letra de Marina en la parte de arriba y otra letra, más grande, ocupando el final.

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