Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

—Si entra antes que la orden, destruirá la hoja o pondrá otra. Tenemos que estar en la puerta cuando llegue la policía. No después.

Mi padre abrió el coche.

—Entonces nos vamos ahora. Patricia, que el agente nos espere en la esquina, no dentro. Juana, si al llegar hay luces que no son nuestras, no cruzas el umbral hasta que yo te lo diga.

Arrancamos. Por la ventanilla vi caer la tarde sobre la ciudad, y en el regazo sentí el peso de las páginas incompletas. La casa de mi abuela, la de la llave en el gancho, se había convertido en una meta de carrera. Y Randy, que había prometido perdón junto al coche, acababa de anunciar que pensaba ganarla por la noche.

Chapter 7: LA LLAVE EN EL GANCHO
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La casa estaba encendida cuando doblamos la esquina. No eran nuestras luces. Yo las había dejado apagadas, salvo la de la entrada, y ahora el salón brillaba como en una visita. El coche de Randy ocupaba el camino. El gris de Eden no se veía. El agente ya estaba bajo un árbol, con la orden en una carpeta, esperando a dos compañeros que llegaron detrás de nosotros sin sirena.

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