—Si vuelve a tocarla, la denuncia de esta tarde incluirá este estacionamiento —dijo—. Suéltese.
Randy soltó. En su boca apareció el desprecio que la cena nunca mostraba delante de Eden.
—Quédense con la casa vacía. La última página no les sirve si no saben leer lo que falta. Y lo que falta dice que Marina aceptó. Lo escribí yo al final, para completar su idea. Un perito dirá lo que yo quiera.
—Un perito dirá lo que la tinta diga —contestó Patricia—. Y la tinta de usted ya tiene demasiados ejemplos.
Él se marchó hacia un taxi. Antes de subir, gritó, para que el comedor entero lo oyera:
—¡Esta noche la casa es de quien llegue primero!
Doña Nélida, que había venido con nosotros porque no quería quedarse en la escalera, apretó contra su pecho el papel de estraza. Rosa temblaba. Marina me miró.