Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

—Mi madre se asusta. Yo resuelvo. Juana, mírame. Anoche se nos fue de las manos. Pido perdón. Pero si entras en esa casa con policías, conviertes un matrimonio en un escándalo y pierdes el barrio. Te odiarán por frenar el proyecto. Firma y te devuelvo la última página de la loca esta. La tienes a un paso. En la caja. Yo te digo la forma y se acaba.

Patricia dio un paso al frente.

—No va a decir ninguna forma. Y usted acaba de ofrecer un papel a cambio de una firma obtenida junto a un coche, después de un parte médico. Eso también se anota.

Randy entonces me tomó la muñeca. No fue un golpe. Fue esa presión de dueño que duele más porque pretende ser un secreto entre dos. El dolor de las costillas me subió a los ojos. Mi padre le separó los dedos con una calma que daba miedo, la calma de un hombre que ha pasado veintisiete años viendo cómo empieza la violencia cuando todavía se disfraza de conversación.

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